martes 10 de noviembre de 2009

El papel de la Memoria y la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) en Colombia


Ciclo de debates sobre las miradas contemporáneas y los procesos populares de Memorias e historia oral- Seminario Permanente


SESIÓN

El papel de la Memoria y la Comisión Nacional de

Reparación y Reconciliación (CNRR) en Colombia




Contaremos con la presencia de Pilar Riaño Alcalá, del Grupo de MEMORIA HISTÓRICA de la CNRR y profesora asociada de la University of British Columbia.

Pilar Riaño Alcala, PhD en Antropología y Profesora asociada de la Universidad de la Columbia Británica. Es autora del libro “Jóvenes, memoria y violencia en Medellín. Una antropología del recuerdo y el olvido,” Universidad de Antioquia e Instituto
Colombiano de Antropología e Historia, ICANH. 2006 (publicado en inglés
con el título “Dwellers of Memory. Youth and Violence in Medellin, Colom-
bia. Transaction Publishers). Transeúnte frecuente entre Colombia y Canadá,
sus áreas de interés y publicaciones incluyen los temas de desplazamiento
interno y refugio, memoria histórica y violencia y el arte público comunitario.

Jueves 12 de Noviembre de 2:00 a 4:00 p.m.

Salón 204 - Posgrados de Ciencias Humanas

Universidad Nacional

Se recomienda a los asistentes la revisión de alguno de los siguientes textos o enlaces:

“La Libertad: Hacia el camino de la reparación colectiva”

www.cnrr.org.co/new09/especiales/libertad/index.html

“La masacre de El Salado: Esa guerra no era nuestra”

www.semana.com/documents/Doc-1947_2009911.pdf


Y del material titulado: "Recordar y narrar el conflicto. Herramientas para reconstruir memoria histórica",www.nacionesunidas.org.co/UNIFEM/Cartilla.pdf


Los y las esperamos


Traiga sus preguntas: Cuál reconciliación? Cuál reparación a las victimas? Cuál memoria? La de la ley de justicia y paz? La de las reinas que estuvieron en el Salado? Estamos en el posconflicto?....

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sábado 24 de octubre de 2009

Las comisiones de la verdad en América Latina

Ciclo de debates sobre las miradas contemporáneas y los procesos populares de Memorias e historia oral- Seminario Permanente


SESIÓN

Memoria y Represión

LAS COMISIONES DE VERDAD EN AMÉRICA LATINA

¿qué tanto aportan a la verdad, la justicia y la reconciliación? ¿qué tanto aportan a la reconstrucción colectiva de la memoria?


Martes 27 de Octubre de 2:00 a 4:00 p.m.
Salón 201 - Posgrados de Ciencias Humanas
Universidad Nacional




Se recomienda a los asistentes la lectura de alguno de los siguientes textos:


GÓMEZ Méndez, María Paula. “Comisiones de verdad: ¿qué tanto aportan a la verdad, la justicia y la reconciliación?”. En Oasis 2005-06, núm. 11, Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales, CIPE, Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales. Universidad Externado de Colombia, pp. 57-70.

www.uexternado.edu.co/finanzas_gob/cipe/oasis/oasis_2005_06/(57-70) Maria Paula Gomez.pdf


HAYNER, Priscilla. Verdades innombrables: el reto de las comisiones de la verdad. México: Fondo de Cultura Económica, 2008.


“Introducción”. En Informe Final. Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú, 2003. www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO I/INTRODUCCION.pdf


Los y las esperamos

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Proyecto Memoria y Palabra
Universidad Nacional
http://memoriaypalabra.blogspot.com
memoriaypalabra@gmail.com
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sábado 3 de octubre de 2009

Memoria y Teología de la liberación

"El discernimiento de los signos de los tiempos no busca solo comprender desde la fe lo que acontece en la historia, sino también orientar correctamente el compromiso comunitario para promover los diversos signos del Reino que han sido detectados y contrarrestar o neutralizar los antisignos que se contraponen al Proyecto liberador de Dios. La interpretación de los signos de los tiempos es, por tanto, una hermenéutica de la praxis"
SESIÓN Memoria y Teología de la liberación.
Martes 13 de octubre de 2:00 a 4:00 p.m.
Salón 201 - Posgrados de Ciencias Humanas
Universidad Nacional

Contaremos con la presencia de invitados de procesos de teología de la liberación.

Sesion del Ciclo de debates sobre las miradas contemporáneas y los procesos populares de Memorias e historia oral-
Seminario Permanente

Los y las esperamos...


Para esta sesion se recomienda a los asistentes la lectura de uno de los siguientes textos:

ESCRUTAR LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS Y DE LOS LUGARES, UNA TEOLOGÍA DE LA HISTORIA Y DE LA GEOGRAFÍA


La expresión Signos de los tiempos fue nuevamente introducida en la reflexión teológica cristiana y en la espiritualidad evangélica, con el fin de detectar en el devenir de la historia la presencia actuante de Dios, la Revelación de su Palabra.

La expresión, en efecto, adquiere a partir del Concilio Vaticano II, no solamente su intensidad evangélica, sino su significado teológico, para mostrar la articulación de la Revelación trascendente de Dios que nos habla, y la historia de la humanidad. Por lo mismo, los “signos de los tiempos” deben entrar, implícita o explícitamente, en el discernimiento de los impactos de esta Palabra en la comunidad de los creyentes. La historia en curso es, según el plan y criterios de Dios, el lugar de la manifestación de su Palabra y el lugar de la teología en cuanto reflexión sobre la revelación de Dios y su significado en la vida de las personas y de la humanidad.
Vocabulario del Concilio


Fue Juan XXIII quien introdujo de nuevo esta comprensión teologal y expresión teológica en los documentos oficiales de la Iglesia Católica. En la Bula de convocación del Concilio Ecuménico Vaticano II, Humanae salutis, del 25 de diciembre de 1961, refiriéndose al texto del Evangelio de San Mateo 16,3, decía: “En cuanto a nosotros, queremos poner toda nuestra confianza en el Salvador que nos exhorta a reconocer los signos de los tiempos: distinguimos, en medio de estas densas tinieblas, numerosos indicios que nos parecen anuncian tiempos mejores para la Iglesia y el género humano.” (No. 3).

En la Encíclica Pacem in terris, que Juan XXIII publicó el 11 de abril de 1963, este propósito toma cuerpo. En efecto, aunque sin utilizar este término, al final de cada una de las tres partes se analizan los rasgos que caracterizan nuestra época, y que son como interpelaciones que Dios hace a la Iglesia y a la humanidad: socialización, promoción de las clases trabajadoras, ingreso de la mujer en la vida pública, emancipación de los pueblos colonizados, etc.

Pablo VI, en su primera Encíclica, Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964, se implicó en el propósito de Juan XXIII, e introdujo, para realizar el aggiornamento contra aquellos “que sitúan la perfección en la inmutabilidad de las formas que la Iglesia se ha dado en el transcurso de los siglos”, el análisis de los Signos de los tiempos: “es necesario, dice, estimular en la Iglesia la atención constantemente despierta a los signos de los tiempos, y la apertura permanentemente joven que sepa verificar todas las cosas y retener lo que es bueno (1Tm 5,21), en todo tiempo y en toda circunstancia.”

Durante la elaboración de la Constitución pastoral Gaudium et Spes, se planteó claramente esta perspectiva y en el texto presentado a la Asamblea conciliar al comienzo de la III Sesión, en septiembre de 1964, se afirmaba claramente:

“La Iglesia escruta “los signos de los tiempos”. El tiempo es, en efecto, signo y voz, para la Iglesia y para la humanidad, en cuanto contiene la presencia de Dios, o infelizmente, la ausencia de Dios… En la voz de los tiempos es necesario oír la voz de Dios para que, a la luz de la fe, las actuales oportunidades y miserias iluminen en las conciencias de los hombres el concreto mandamiento de la caridad”.



Los hechos y el devenir humano constituyen, a su manera, un lugar teológico, en el cual el creyente debe buscar, en positivo o en negativo, los llamados y las interpelaciones del Espíritu creador de Dios que renueva la faz de la tierra.

“Acontecimientos”: son los materiales en los cuales el Pueblo de Dios discierne los signos de la presencia y de la acción de Dios, no por una interpretación miraculista, como si Dios actuase desde fuera de la historia humana y paralelamente a ella, sino por la comprensión profunda de su densidad humana: “en los acontecimientos, las exigencias y deseos” de los pueblos. (GS No. 11).

Con estos antecedentes, en la Constitución Gaudium et Spes se asumió definitivamente este criterio teológico, llegando a ser una de sus ideas fuerza, y, se puede decir, el espíritu de todo el documento. Así reza el No. 4:

“Para Cumplir su misión, es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época (signa temporum) e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario, por ello, conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático, que con frecuencia le caracteriza.”

Más adelante así lo plantea el No. 11:

“El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos de nuestro tiempo, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas.”

Este tema general del discernimiento de los signos de los tiempos, o de la presencia de Dios en la historia, penetró cada uno de los capítulos siguientes, particularmente el capítulo IV de la primera parte sobre la “Misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo”. Después de declarar: “La Iglesia reconoce cuanto de bueno se halla en el actual dinamismo social: sobre todo la evolución hacia la unidad, el proceso de una sana socialización civil y económica” (GS No.42), el texto continúa un poco más adelante:

“Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo (varias loquelas nostri temporis), y valorarlas a la luz de la Palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada.” ( No. 44).

“Signos de los tiempos y de los lugares”: una categoría socio-histórica y teológica

Debemos ahora aproximarnos a la categoría “Signos de los tiempos y de los lugares” para comprender su significado apropiado, tanto histórico y social, como teológico.

* Señales, signos y símbolos



Sin duda alguna, el surgimiento del interés por lo simbólico desde las primeras décadas del siglo XX, explica en gran medida la importancia que han adquirido los “signos de los tiempos” en el campo teológico, incluso es muy probable que sin él ni siquiera estaríamos hablando de ellos hoy.

Los términos signo-símbolo se refieren, en una acepción muy amplia, a realidades sensibles, en los que el ser humano capta o expresa significados que trascienden la realidad concreta que tiene ante sus ojos.

“Signo” o “símbolo” son conceptos abarcantes, que indican realidades sensibles, conocidas, pero que remiten a otras realidades no perceptibles ni comprensibles de manera directa e inmediata.

Los “signos” se diferencian de las “señales” que se refieren a realidades susceptibles de ser captadas directa e inmediatamente, ya sea por nexos naturales como entre el humo y el fuego, o por nexos convencionales como entre el semáforo verde y la vía libre.

En cambio, los signos-símbolos se refieren a realidades inaccesibles en sí mismas, pero que se hacen parcial y mediatamente presentes a través de una realidad sensible.

Utilizando las categorías introducidas a principios del siglo XX por Ferdinand de Saussure, se designa con el término “significante” al elemento sensible, y con el término “significado” a la realidad evocada a la cual remite; es claro que entre las dos realidades existe una cierta connaturalidad que permite establecer la relación entre ellas.

Mientras que con la señal se hace referencia a algo exterior a ella misma, en el símbolo, por el contrario, la realidad significada está presente en el significante, en el interior de ella misma. El símbolo contiene la realidad significada.

Ahora bien, de acuerdo con las aclaraciones que acabamos de presentar, los “signos de los tiempos” no son simplemente “señales”, sino “símbolos”, que contienen y hacen parcialmente presente una realidad inaccesible directamente, en nuestro caso, el Reino de Dios, y que permiten afirmar que ya ha llegado y está presente en y en medio de nosotros.

* Signos de los tiempos



Aplicando la categoría de signo-símbolo a lo que estamos denominando “signos de los tiempos y de los lugares”, queremos decir que estos tienen un carácter histórico y geográfico.

Los signos de los tiempos y de los lugares se sitúan en la categoría de signos que emanan de las realidades de la historia y de la geografía. Este carácter específico los diferencia de los signos “naturales”, que provienen del mundo natural (una huella en la nieve es el signo del paso de un ser viviente), o de signos “convencionales”, provenientes de una iniciativa humana (como son los gestos, el lenguaje, las cifras); se inscriben, por el contrario, en los hechos y lugares, en los acontecimientos, que tienen por su contextura y por su contexto humano, una “significación” que va más allá y más adentro de su materialidad exterior.

* Debemos precisar, en primer lugar, la noción sociológica, histórica y geográfica de lo que denominamos “signos de los tiempos y de los lugares”.



Podemos decir, que los signos de los tiempos son “fenómenos que, por su generalización y su grande frecuencia, caracterizan una época, y a través de los cuales se expresan las necesidades y las aspiraciones de la humanidad actual”1.

Los signos de los tiempos se refieren, pues, a las tendencias emergentes y predominantes en un determinado período histórico y contexto geográfico, que revelan la toma de conciencia de un grupo humano, sus anhelos más profundos de crecimiento en humanidad, sus aspiraciones más sentidas de justicia y liberación.

Es importante resaltar que esta significación de los hechos no es superpuesta o reemplazada por otra que se añadiría desde fuera: es necesario retener el sentido y significación latentes en los hechos, es decir, conservar la plena densidad de la historia y de los lugares, y no “espiritualizarlos”, destemporalizándolos o descontextualizándolos. El sentido histórico es inmanente al acontecimiento, so pena de volver insignificante la historia.

El tiempo y el lugar no son solamente el condicionamiento exterior y contingente de un acontecimiento significativo; son el tiempo y el lugar concretos en los que brota la toma de conciencia de un grupo o de un pueblo, que es la que le da el significado al hecho y expresa su alma. Los acontecimientos históricos son un signo y una voz. La toma de conciencia y las aspiraciones que expresa el hecho, son aquello por lo cual llega a ser un signo y una voz. Percepción que no se tiene a partir de una teoría o de una doctrina preestablecidas, sino de una práctica social y un compromiso concreto.

El texto conciliar plantea claramente la cuestión:

“El género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive.” (Gaudium et Spes no. 4).

* Sentido bíblico-teológico de los “signos de los tiempos”



En los últimos tiempos se ha ido recuperando también otra “verdad olvidada”, que ha resultado igualmente importante y significativa para fundamentar la existencia de los “signos de los tiempos”. Nos referimos al carácter histórico de la revelación judeocristiana por cuanto se manifiesta como un plan de salvación propuesto por Dios el cual se realiza en el tiempo y en el espacio, y no como la comunicación de un conjunto de verdades y conceptos de una doctrina intemporal.

La revelación divina no solo acaece en la historia, como escenario del actuar de Dios, permaneciendo exterior a ella, sino que, por el contrario, tiene lugar por ella, a través y mediante ella. A partir de esta conciencia teológica, se habla de la historia y de la geografía como “lugares teológicos”, percibiéndolas como tiempo y lugar de la revelación divina.

Dios no se revela a sí mismo directamente, hablando a las personas y dejándose ver por ellas (teofanía) como lo expresa San Juan en su Evangelio: “A Dios nadie le ha visto jamás” (Jn 1,18;1 Jn 4,12), sino indirectamente, a través de las obras que acontecieron y siguen aconteciendo en la historia (teoergia).

En la Antigua Alianza, el pueblo israelita experimentó la presencia de Dios, a través de los acontecimientos del Éxodo, de la conquista de la tierra prometida, de la dinastía davídica, del Exilio, de la restauración de Israel, etc. Cada acontecimiento, y las circunstancias en que acaecía, iba revelando el rostro de Dios, su ser. Los creyentes de la Nueva Alianza experimentaron la presencia y el actuar salvífico de Dios, en el acontecimiento Jesús de Nazareth: “A Dios nadie le ha visto jamás; el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1,18). “Cuando Felipe le pide a Jesús: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto a mi Padre. ¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?’.” (Jn 14, 8–10).

“Cada suceso particular revela e ilumina un aspecto del ser divino que irá enriqueciéndose y completándose con los aspectos que irán revelándose en los acontecimiento sucesivos, de modo que ‘sólo la totalidad de la historia podrá revelar plenamente a Dios’.2 En Jesucristo, Dios se ha revelado de un modo definitivo y pleno. Y en él se irá manifestando a través de los tiempos.

La Palabra bíblica como testimonio de la Revelación de Dios, no nace aparte de la historia, sino que va acaeciendo en el momento mismo y a partir de la revelación histórica, siendo su testimonio y su codificación escrita.

De aquí brota la vocación-misión propia de los profetas. Pertenece a ellos penetrar en el devenir de los acontecimientos para detectar en ellos las interpelaciones de Dios para su pueblo. Es lo que acertadamente se ha llamado la “mayéutica histórica”. Así como la mayéutica socrática hace que el interlocutor descubra, engendre o dé a luz la verdad que lleva en sí mismo, la palabra del profeta descubre a los oyentes el significado profundo que los acontecimientos llevan en sus entrañas. El profeta no crea ese significado ni lo impone desde fuera, sino que descubre “desde dentro” de la experiencia común algo que no era visible sin más de forma espontánea, pero que —una vez descubierto— puede ser verificado por los demás sin tener que seguir dependiendo de sus palabras. Enseguida, todos se ”reconocen en ellas” y entran en sintonía, en comunión con la palabra del profeta. Es esta la experiencia constante manifestada en las Escrituras, que expresa y compendia el Cuarto Evangelio en el episodio de la samaritana: “Ya no creemos por tus palabras. Nosotros mismos hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo” (Jn 4,42).

Es cuanto expresa el Concilio Vaticano II en la Constitución Dei Verbum:

“La revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios lleva a cabo en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y desvelan el misterio contenido en ellas (mysterium in eis contentum elucident)” (D.V. no. 2).

Cuanto acabamos de decir significa que dado el carácter universal de la voluntad salvífica, todo el espacio abarcado por la historia humana es el lugar donde Dios se manifiesta a través de los acontecimientos; y esos acontecimientos en los que se revela la acción divina no son otra cosa que lo que hemos llamado “signos de los tiempos”

* Signos de los tiempos mesiánicos, signos del Reino de Dios



¿A qué nos referimos cuando hablamos de los “signos de los tiempos” como categoría teológica?

En el mundo bíblico son numerosas las referencias que se hacen a los signos. Se podrían clasificar en cuatro categorías los signos bíblicos: Los signos de la creación, que revelan la gloria de Dios: “Los cielos y la tierra narran la gloria de Dios” (Sal 19,2), y que culminan con la creación del ser humano, hombre y mujer, a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26); los signos–acontecimientos, que culminan en el Antiguo Testamento con el Éxodo, y en el Nuevo Testamento con la Resurrección de Cristo; los signos rituales, que culminan en la celebración de la Pascua y en la Última Cena; y finalmente, dentro del plano lingüístico, las parábolas.

Se puede establecer, con todo, una diferencia esencial de los signos en el contexto de las religiones; mientras que en las religiones naturales se reconoce la presencia y la acción de Dios en los hechos y seres de la naturaleza, en la tradición judeocristiana la revelación de Dios se da predominantemente a través de los signos-acontecimientos de la historia, a tal punto que se puede llamar una “religión histórica”.

Sin embargo, el único lugar de la Biblia donde aparece la expresión “signos de los tiempos” es en Mt 16,1-3 y par. Lc 12,54-56. Se dice allí:

“Se acercaron entonces los fariseos y le pidieron que les mostrase una señal del cielo shmeion ec tou ouranou (semeion tou uranou). Mas él les respondió: ‘Al atardecer decís: ‘Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego’, y a la mañana: ‘Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío’. ¡Con que sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos ohmeia twn cairwn (semeia ton kairon)! ¡Generación malvada y adúltera! Una señal reclama y no se le dará otra que la señal del profeta Jonás.’ Y dejándolos, se fue.”

Al referirse Jesús a los “signos de los tiempos”, no habla del tiempo cuantitativo, del crónos, con el que se mide la secuencia y duración del tiempo, visto como sucesión de momentos, idénticos entre sí (horas, días, meses, años, lustros, que se cuantifican en los relojes y se señalan en los calendarios, agendas y cronómetros), sino que habla del tiempo cualitativo, del kairós, de la característica y significado peculiar de cada momento y etapa de la historia, particularmente en los planes de Dios, como lo señala el capítulo 3 del Eclesiastés.

Ahora bien, Jesús anunció que con su presencia se había inaugurado un tiempo totalmente nuevo: los tiempos escatológicos: el del Reinado de Dios (Mc 1, 14–15) Desde el punto de vista cuantitativo o cronológico, acaeció hace veinte siglos y coincidió con los tiempos del Emperador César Augusto (Lc 2,1); sin embargo, desde el punto de vista cualitativo o teológico; el tiempo de Jesús era radicalmente nuevo: era el hoy de la salvación.

Igual que los signos atmosféricos bastan para adivinar que se avecina un cambio meteorológico, los signos, las obras realizadas por Jesús, indicaban y deberían bastar para darse cuenta de que los tiempos históricos estaban cambiando, en la línea del Proyecto de Dios.

“Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras (erga) de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: ‘¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?’ Jesús les respondió: ‘Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se escandalice de mí!’.” (Mt 11,2-6).

Así, pues, cuando Jesús, en Mt 16,3, habla de los “signos de los tiempos” se refiere a los signos de los tiempos escatológicos, de los tiempos mesiánicos, signos, en definitiva, del Reino de Dios que está irrumpiendo, haciéndose presente en él y por él. Y es este sentido bíblico-teológico el que debemos reservar cuando hablamos de “signos de los tiempos”.

Es indudable que para Jesús el Reino de Dios era una realidad ya presente: “El Reino de Dios —decía— ha llegado a vosotros” (Lc 11,20). Jesús no dijo que el fin de los tiempos estaba cerca, sino que ya había empezado la nueva época de la salvación. Los “signos de los tiempos” eran la “prueba” que debería convencer a los judíos de que había llegado ya el Reino de Dios, aunque como germen, como semilla, como levadura, debiendo todavía alcanzar su plenitud en el futuro. Los signos, como acontecimientos salvíficos, no son simples señales en los que hay una mera referencia al Reino de Dios, sino que esta realidad significada está ya presente, latente, en ellos y mediante ellos, aunque todavía no de manera plena, sino incoativamente.

Ahora bien, dentro de ese gran contexto de los tiempos mesiánicos que han llegado y de los signos que lo revelan y manifiestan, existe, en primer lugar, el que se podría llamar signo de los tiempos originario: Jesús mismo. Su persona toda, el Emmanuel, Dios-con-nosotros, “la Palabra hecha carne” (Jn 1,14). Toda su vida y actuar, es un signo de la presencia y del actuar de Dios. De él decía Orígenes que era la autobasi,leia (autobasiléia).3

Pero hay que tener en cuenta, y esto vale para todos los “signos de los tiempos”, que Jesús de Nazareth fue “signo de contradicción” (Lc 2,34) y que “la gente estaba dividida a causa de él” (Jn 7,43). Nunca faltarán quienes “aprisionan la verdad con la injusticia” (Rm 1,18), mientras que los signos de los tiempos se caracterizan por su efecto liberador de toda injusticia y opresión.

Debemos una vez más recordar que el Reino de Dios, con los signos que lo revelan y hacen presente, conlleva una transmutación, un cambio radical (sub-versio y con-versio) de todo lo que niega o se opone al Proyecto de Dios, el anti-reino (in-versio y per-versio), que se ha instalado como enclave en la historia.

Los signos de los tiempos y de los lugares están contrarrestados a todo lo largo de la historia por antisignos.

Una visión realista de la historia humana, pone en evidencia que el desarrollo de la humanidad y de cada pueblo no es un avance unilineal y de progreso continuo y ascendente; siempre aparecerán luces y sombras, avances y retrocesos, éxitos y fracasos.

La teología de la historia —con una visión más completa y realista de la evolución de la humanidad— pone en evidencia que a lo largo de los siglos se ha dado un crecimiento simultáneo del bien y del mal, crecimiento en humanidad pero también de evidentes y potentes fuerzas deshumanizadoras. Junto con la presencia y crecimiento del Reino de Dios, aparecen simultáneamente las potencias negativas del antirreino. En este mundo se mezcla el trigo y la cizaña señalada en la parábola evangélica (Mt 13,24-30). Sin ver la realidad con mirada maniquea, pero sí con realismo, nos damos cuenta de que siempre encontraremos los “signos de los tiempos”, asediados y contrarrestados por antisignos. Según sea la mayor o menor fuerza y dimensión de estos, pueden llegar a enturbiar el signo o incluso a neutralizarlo completamente.

Desde la fe cristiana hay una clara conciencia de que “el Espíritu de Dios, que conduce el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, está presente en la evolución de la historia.” (Gaudium et Spes No. 26).

DISCERNIR, ESCRUTAR, INTERPRETAR LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS Y DE LOS LUGARES

Una pregunta clave, de orden práctico es la siguiente: ¿cómo interpretar, discernir, interpretar los signos de los tiempos y de los lugares?

En esta tarea hermenéutica podemos indicar una vía negativa y otra positiva, complementarias ciertamente.

Por claridad y por exclusión podemos decir:

* No podemos llamar signos de los tiempos a los mayores y más graves problemas o situaciones deshumanizantes que están afectando a una determinada población: por ejemplo, el creciente empobrecimiento de América Latina y del mundo causado, en gran parte, por el modelo neoliberal de exclusión social; el fenómeno de desplazamiento forzoso que viven miles y miles de colombianos a causa de la violencia interna; la globalización de la economía de mercado, o el pensamiento y actitud light propio de la posmodernidad que no asume compromisos serios y a largo plazo, mucho menos definitivos; el conflicto armado en Colombia, o la corrupción que corroe la vida política de nuestras naciones, etc.



Más bien, todos ellos deben llamarse anti-signos que contradicen el proyecto de Dios y la utopía del Reino. De ninguna manera puede hablarse de la presencia de Dios, más bien indican su ausencia, aunque Dios puede manifestarse en estas circunstancias como defensor de los débiles, Padre de los pobres, solidario con los oprimidos. En estas realidades, Dios nos interpela a actuar liberadoramente, a ser un “signo de contradicción” que cuestiona y llama al cambio. “Los signos de los tiempos y de los lugares” brotan, por el contrario, como contraposición y alternativa a dichos anti-signos opuestos al Reino de Dios.

* No se pueden “considerar como signos de los tiempos y de los lugares” a acciones de carácter “milagroso”, viendo la presencia de Dios en fenómenos “inexplicables humanamente”, como si Él actuase al lado del acontecer humano o sustituyéndolo, como sería el caso de considerar ciertos fenómenos naturales (catástrofes, terremotos, inundaciones, etc.) o hechos sociales (la guerra, por ejemplo), como un juicio de Dios, o como signos premonitorios de los últimos tiempos. De la misma manera, no pueden considerarse “signos de los tiempos” a fenómenos de contagio colectivo (como curaciones masivas), propios de los movimientos pentecostales fundamentalistas, o ver ciertos vicios en que cae la gente (alcoholismo, drogadicción), como efectos de la posesión diabólica, etc.



* Desde una perspectiva antropológica e histórica, podemos considerar positivamente como signos de los tiempos a hechos o acontecimientos históricos que por su generalización y grande frecuencia, demuestran en un determinado período histórico y contexto social, las aspiraciones más profundas de un grupo humano, los anhelos de crecimiento en humanidad en un mundo deshumanizante, las tendencias de cambio cualitativo en la sociedad, las tomas de conciencia colectiva de la propia dignidad y de los propios derechos. Son signos de personalización, de afirmación de la dignidad de la persona humana; signos de socialización en la búsqueda del bien común, la construcción de un mundo más justo y equitativo; signos de liberación de las múltiples formas de alienación y opresión presentes en la sociedad; signos de culturización con los que se afirman y defienden las propias identidades culturales.



No son, pues, hechos que conciernen únicamente a una persona o un pequeño grupo de personas, sino signos que caracterizan un determinado período histórico y que expresan la conciencia de un grupo humano amplio.

* Teológica y pastoralmente, los “signos de los tiempos y de los lugares” se identifican como voz e interpelación de Dios que invita al cambio, al compromiso por el Reino, aquellos acontecimientos generalizados, o de una gran incidencia comunitaria y social, en los cuales se expresan los anhelos de cambio según el proyecto de Dios y se afirman los valores del Reino, inaugurado y presente en Jesús de Nazareth, el Cristo. Hechos en los cuales se afirma la vida en medio de condiciones de muerte y violencia; signos de liberación y justicia en una sociedad injusta y excluyente; signos de solidaridad en un mundo egoísta y discriminatorio; hechos en los que se afirma el valor y la dignidad de la persona humana en una realidad donde se impone el prestigio y los privilegios y se niegan los derechos fundamentales del ser humano; la afirmación de la verdad y la honestidad que denuncia y desenmascara la mentira y la corrupción.



* El criterio fundamental de discernimiento para detectar los Signos de los tiempos en el filo y en el corazón de los acontecimientos, es la persona misma de Jesús de Nazareth, el Cristo, Señor de la Historia: sus enseñanzas, su vida, su práctica, su pascua. En Jesús, Dios revela el misterio del hombre al propio hombre y se manifiesta la sublimidad de su vocación: él es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre.



Las Sagradas Escrituras, y particularmente los Evangelios, que nos testimonian las enseñanzas, el sentir, el vivir y el actuar de Jesús y la lógica y los valores del Reino, son el punto de referencia para juzgar la historia con los criterios de Dios y el parámetro para analizar los acontecimientos según la lógica de Dios.

* Finalmente, para juzgar los acontecimientos e interpretarlos según los criterios del Evangelio, hay que mirar desde la óptica de los pobres, en solidaridad con ellos y desde sus intereses, defendiendo la causa del los últimos y de los que no cuentan. En definitiva, es ver el acontecer desde la óptica de la opción preferencial por los pobres, desde el reverso de la historia, que es donde Dios siempre se ha situado.



Criterios hermenéuticos

Una vez clarificado lo que entendemos por “signos de los tiempos y de los lugares”, necesitamos abordar otra cuestión de decidida importancia: ¿cómo lograr hacer una lectura correcta de ellos?, ¿cómo interpretar, escrutar, discernir, auscultar los “signos de los tiempos”?

Es propio de los profetas, leer e interpretar los acontecimientos desde la perspectiva de Dios, y con frecuencia ellos tienen una mirada más aguda que los doctores y las jerarquías. Por eso mismo resultan incómodos, porque cuestionan, desestabilizan, y se preferiría que no hablaran. Incluso, con frecuencia, los falsos profetas tienen mayor aceptación y audiencia. Recordemos aquel oráculo pronunciado en Isaías:

“Que es un pueblo terco,

criaturas hipócritas, hijos que no aceptan escuchar

la instrucción de Yahvé;

que han dicho a los videntes:

‘no veáis’;

y a los visionarios:

‘no veáis para nosotros visiones verdaderas;

habladnos cosas halagüeñas, contemplad ilusiones’.”

(Is 30,9-10)

y que aparece también en Amós

“Yo suscité profetas entre vuestros hijos,

y vosotros habéis conminado a los profetas,

diciendo: ‘¡no profeticéis!’.”

(Am 2,11-12).

Hay que tener conciencia de que los “signos de los tiempos” no aparecen ni se manifiestan de manera inmediata y evidente, sino que tienen que ser interpretados y esclarecidos. Requieren, por lo tanto, un serio análisis y, para ello, valerse de las mediaciones necesarias para lograrlo, de otra manera se caerá en el subjetivismo: “las cosas son como me parece”, o en el inmediatismo superficial y espontáneo, porque este sufre de no pocas ilusiones: “Las cosas son como aparecen”, creyendo que la esencia de las cosas coincide con sus apariencias.

Un segundo peligro es que el “sentido común” transmite simplemente la visión que tienen de la realidad los sectores más influyentes de la sociedad, pues en sus manos están los medios de comunicación y el sistema educativo, etc. Ya Marx advertía que “las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante”.4

Para hacer una interpretación adecuada y profética de los “signos de los tiempos” planteamos dos momentos:

El análisis socio-histórico del supuesto signo

Para descubrir la condición de signo de determinados acontecimientos, debemos penetrar en el alma misma de los hechos, pues el sentido de los mismos no es superpuesto o agregado desde fuera, sino que está latente, oculto dentro del hecho mismo y, por lo mismo, solo penetrando en el interior del hecho, superando su apariencia superficial, se puede detectar su significado profundo y su densidad histórica.

Un signo de los tiempos aparece en correlación y en contradicción con una realidad o situación histórica generalizada que niega el Reino de Dios y los valores que él propone. Hay, pues, que verlos e interpretarlos en este antagonismo entre lo “viejo” y lo “nuevo”:

“Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva –porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi a la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: ‘Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado’.

“Entonces dijo el que está sentado en el trono: ‘Mira que hago un mundo nuevo’. Y añadió: ‘Escribe: Estas son palabras ciertas y verdaderas’.”

(Ap 21,1-5; Is 48,6-7)

Para dilucidar los presumibles signos, hay que partir del análisis histórico, social y cultural.

Para lograrlo, hay que valerse de las ciencias históricas, sociales y culturales críticas, con el fin de saber en qué consiste exactamente el acontecimiento. En efecto, según un principio muy antiguo defendido por Santo Tomas de Aquino, el error en la comprensión del orden de la creación, lleva a una falsa teología: “error circa creaturas redundat in falsam de Deo sententiam”.5

* Para alcanzar el sentido de los hechos y situaciones, se requiere plantear un conocimiento crítico de los mismos, vale decir, es necesario superar las meras apariencias y los fenómenos para buscar la explicación en las causas no inmediatas, sino últimas que los generan, indagar sus antecedentes, al mismo tiempo que las consecuencias que de ellos se derivan y las tendencias que se vislumbran.
* Un conocimiento estructural, que ve los hechos no de manera aislada sino formando parte de una estructura social, en la que la parte se relaciona con el todo y con las demás partes, como un organismo de múltiples interrelaciones y determinaciones.
* Un conocimiento dialéctico, que percibe en los hechos las contradicciones sociales presentes en ellos, el conflicto de intereses que actúan entre los actores sociales que intervienen en el acontecimiento.
* Un conocimiento histórico, que no se queda en la noticia periodística o en el flash del telediario, sino que plantea un análisis diacrónico de cualquier fenómeno socio-histórico dentro del conjunto del desarrollo de la historia. Conocer el pasado nos da la perspectiva para comprender el presente. Presente y pasado se aclaran mutuamente, con luz recíproca. Como dice Braudel: ”para la inteligencia del presente, hay que movilizar a toda la historia.”6



* Siendo la realidad compleja de por sí, porque intervienen múltiples factores, para el conocimiento de la misma hay que valerse de diversos métodos de análisis complementarios, al mismo tiempo que establecer la varias alternativas posibles, coherentes con dicha investigación.



Análisis teológico del presunto signo de los tiempos

De los hechos que se han analizado desde el punto de vista social e histórico, hay que preguntase: ¿cuáles de ellos pueden ser considerados signos del Reino de Dios?

La Sagrada Escritura es la clave hermenéutica fundamental para interpretar los acontecimientos como “signos de los tiempos”. Con todo, el texto bíblico, necesariamente analizado con los métodos histórico-críticos, solo hace comprender al “texto en sí”, pero se trata ahora de interpretarlo “para nosotros hoy”, a fin de que el Dios de la Vida, Jesús, el Señor resucitado, nos hable hoy en nuestro contexto, y nosotros, personas del siglo XXI, lo escuchemos.

El círculo hermenéutico

* Partimos de un principio exegético y hermenéutico fundamental: “Sacra Scriptura est sui ipsius interpres”, la Sagrada Escritura es la primera intérprete de sí misma; en otras palabras, “Explicar la Escritura por la Escritura misma”.



* En segundo lugar, para la comprensión actual de la Escritura, y desentrañar su significado para nosotros “hoy” y “aquí”, vale el así llamado “círculo hermenéutico”, primeramente entre las partes y el todo dentro de la misma Escritura, y luego entre el texto y el intérprete. Se trata de entablar una “conversación hermenéutica”, un diálogo con el texto. Pero, naturalmente, un texto no puede hablar como si fuera una persona; somos nosotros quienes tenemos que hacerle “hablar” con nuestras preguntas. Si no le hacemos preguntas, el texto quedará sin hablar.



De lo que se trata es de dirigir preguntas nuevas al texto antiguo, en nuestro caso a la Escritura, preguntas muy bien pensadas y pertinentes:

o preguntas que la Escritura esté en condiciones de contestar;
o y que a nosotros nos resuelvan algo, porque realmente se refieren de manera inequívoca a acontecimientos que se están analizando.



En la selección acertada de dichas preguntas está la clave para discernir los “signos de los tiempos”; estos se pondrán en evidencia a partir del diálogo entre la historia y la Escritura, y la confrontación analógica entre la experiencia histórica vivida hoy y la experiencia salvífica relatada en la Biblia. Aparece, así, la clásica diferencia entre el sensus litteralis y el sensus plenior de la Escritura.

Los escritos neotestamentarios son en gran medida fruto de la “relectura” cristiana del Antiguo Testamento a partir de una situación hermenéutica nueva: la revelación de Jesús de Nazareth como el Cristo y el Señor, y el encuentro con el Señor Jesús

Gracias a las escuelas de la Formgeschichte y de la Redaktionsgeschichte, sabemos hoy que también las primeras comunidades cristianas reelaboraron con fidelidad creadora las palabras y los comportamientos y acciones de Jesús según las nuevas situaciones y necesidades —lo que se ha dado en llamar el Sitz im Leben—, de modo que en la actualidad resultan inseparables los elementos procedentes del Jesús histórico y las relecturas aportadas por la comunidad.

De la misma manera, la Palabra original irá desarrollando la reserva de sentido latente en ella a partir de las preguntas que dirigiremos desde el hoy.

Algunas preguntas pueden ser:



* ¿Cómo juzgamos este hecho o conjunto de hechos, a la luz de la lógica del Proyecto de Dios? ¿En qué relatos vemos dicha lógica?
* ¿Cómo se nos revela Dios, a través de estos hechos, iluminándolos con las experiencias religiosas narradas en las Escrituras? ¿Cuáles experiencias?
* ¿Qué nos dice Dios, a través de estos hechos, al confrontarlos con las experiencias narradas en la Biblia?
* ¿Cuál es juicio de Dios sobre estos hechos?
* ¿A qué nos interpela el Señor? ¿A qué nos llama? ¿A qué nos compromete?



A partir de la crítica histórica y textual de la Sagrada Escritura, sabemos que el juicio no debe apoyarse tanto en citas aisladas como en la globalidad del actuar de Dios y de Jesús, y en las experiencias de fe tenidas en los acontecimientos narrados en ella.

De los “signos de los tiempos” al “tiempo de los signos”

Los “signos de los tiempos” no pueden ser una mera indicación de la presencia interpelante de Dios, y la manifestación de su voluntad, de lo que él nos pide que hagamos en un momento determinado de la historia y de la vida de una comunidad. Requiere una respuesta de parte nuestra, mediante el compromiso histórico transformador, participando desde la opción de fe en la realización de aquellas tareas que se nos proponen como el querer de Dios, a partir del discernimiento que hemos hecho de los acontecimientos a la luz de su Palabra. El compromiso, las obras, serán los signos de la fe como respuesta al llamado de Dios.

El discernimiento de los signos de los tiempos no busca solo comprender desde la fe lo que acontece en la historia, sino también orientar correctamente el compromiso comunitario para promover los diversos signos del Reino que han sido detectados y contrarrestar o neutralizar los antisignos que se contraponen al Proyecto liberador de Dios. La interpretación de los signos de los tiempos es, por tanto, una “hermenéutica de la praxis” (E. Schillebeekx).

Mario L. Peresson

Bogotá, julio de 2004

PARA REPENSAR ESO DE CONOCIMIENTO Y LIBERACIÓN
Otto Maduro


Muchas personas y comunidades soñamos hoy con un futuro sin hambre, sin desempleo, con vivienda, transporte, comida, trabajo, descanso, atención médica, salario, vacaciones anuales y jubilación decentes y estables. Un futuro donde quede más tiempo, energía y tranquilidad para quererse y para disfrutar sanamente la compañía de gente querida. Un futuro con pocos miedos, cada vez menos violencia, más ocasiones de esperanza y más alegría de vivir. Un futuro liberado de la mayor parte de los dolores, las injusticias, la violencia, las divisiones, los miedos, los abandonos y los egoísmos destructivos que plagan crecientemente nuestro mundo en estas décadas de apartheid y guerra globales. Un futuro digno de ser celebrado en gratas fiestas. Un futuro cada vez más presente por el cual dar gracias a Dios, fuente de vida abundante.

Pero, ¿cómo llegar a un tal futuro?, ¿cómo construirlo juntas/os?

Ciertamente no es cosa fácil.

Permítaseme sugerir aquí que una de varias razones por las cuales no es fácil construir esos caminos de liberación soñados por tanta gente es por la manera como usualmente conocemos nuestra realidad.

Con frecuencia pensamos que para mejorar la vida basta con ponernos de acuerdo en cuáles son los problemas más urgentes y las soluciones más realistas y cómo vamos entonces a dividirnos las tareas... y ¡manos a la obra!

Desafortunadamente, esa manera de pensar «funciona» (y eso sólo a veces) sobre todo si la realidad toda va en una trayectoria que nos resulta bastante aceptable y lo que hacemos es «aprovechar» esa dirección de nuestra realidad para beneficiarnos de algunos aspectos de la misma. En otras palabras, esa manera de pensar los cambios «funciona» sobre todo si nadamos con la corriente, no contra ella.

Pero cuando la realidad se mueve en un sentido predominantemente destructivo y excluyente –como es el caso para las mayorías que sufren hoy en carne propia las injusticias de los sistemas sociales predominantes– entonces las cosas se tornan muchísimo más enmarañadas.

Esto es buena parte de lo que quiero sugerir aquí.

Conocer la realidad para transformarla, cuando tal realidad es orientada por valores, intereses y presiones contrarios a los cambios que deseamos y buscamos, es tarea sumamente difícil y complicada. Es exactamente nadar contra la corriente.

Hay un aspecto importantísimo de este nadar contra la corriente: las maneras como usualmente vemos, conocemos y nos relacionamos con nuestra realidad son maneras moldeadas, condicionadas, influidas por la mismísima realidad que decimos querer cambiar. O, dicho de otra manera: la manera como conocemos las realidades que queremos cambiar son maneras de conocer producidas por esa misma realidad, a imagen y semejanza de esa misma realidad; son maneras de conocer que sirven, sobre todo, para confirmar y fortalecer (no para cambiar) la realidad predominante. Más grave: los modos como usualmente conocemos las realidades que queremos cambiar no sirven para cambiarlas. Para lo que sirven es para reafirmar y defender la realidad dominante. Peor: es imposible cambiar el mundo si persistimos en conocerlo con las formas normales, usuales, comunes, corrientes y «naturales» de conocer.

Conclusión provisional: para poder cambiar el mundo en el que vivimos tenemos que ir transformando profundamente, al mismísimo tiempo (no después), nuestro modo de ver la realidad, de conocerla, de apreciarla, de relacionarnos con ella. Y para poder lograr esto, es preciso un esfuerzo duro, difícil, complicado y continuo, de nadar contra la corriente: de irnos ayudando mutuamente a descubrir cómo es que conocemos la realidad y nos relacionamos con ella; cómo es que estas maneras «normales» de conocer y relacionarnos con la realidad surgen de la misma realidad que queremos cambiar y cómo ayudan a reafirmarla y reforzarla (en lugar de cambiarla)… y lo más arduo: cómo ir entonces desarrollando nuevas (o viejas y olvidadas) formas de conocer y relacionarnos con la realidad que sí contribuyan de verdad a ir gestando desde ya, poco a poco, paciente y humildemente, en varios sitios a la vez, desde la vida cotidiana de mucha gente sencilla, esa vida decente que soñamos para todas/os.

Hay un viejo adagio que reza «el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones». Sin quererlo, sin darnos cuenta, y también sin querer darnos cuenta, podemos fácilmente terminar haciéndole daño a los demás con todas las buenas intenciones de hacerles bien.

Le damos una paliza brutal a una hija para que se vuelva obediente y nos extrañamos de que el gobierno mande a la policía a torturar a quienes le desobedecen. Hacemos chistes de un vecino homosexual y luego queremos que se nos respete cuando pensamos de forma diferente a los poderosos o a la mayoría. Hablamos mucho de igualdad y nos parece normal que sean principalmente mujeres quienes cocinen, sirvan, limpien y cambien pañales. Criticamos las jerarquías antidemocráticas en la política y aceptamos las de la casa y las de la iglesia. Protestamos la violencia y la injusticia de los gobiernos que no nos gustan y guardamos complaciente silencio ante los abusos y la acumulación de poder en manos de un gobernante con el cual simpatizamos, un partido al cual pertenecemos, una amiga sindicalista o el primo que le pega a su compañera.

¿Acaso no hemos vivido contradicciones semejantes? Sin quererlo, sin saberlo y sin querer saberlo tampoco, pero, de hecho, «destruyendo con los pies lo que construimos con las manos».

Todas y todos quisiéramos ser parte de procesos de liberación muy claros, lineales, sin ambigüedades ni conflictos ni retrocesos ni víctimas.

Perdónenme por proponer una perspectiva aguafiestas. Esos procesos no existen. No han existido nunca. No existirán jamás. Los procesos de liberación que existen, que han existido y que existirán son procesos humanos. Y como tales, son complejos, ambiguos, llenos de contradicciones, conflictos y retrocesos. Son dinámicas frágiles, falibles y vulnerables.

O, para expresarlo de otro modo, los procesos de liberación no son sólo procesos liberadores. También contienen y generan muchas dinámicas que no son nada liberadoras. Dinámicas abusivas, divisionistas, jerárquicas, de privilegio, etc. Dinámicas machistas, autoritarias, antidemocráticas. Y los procesos de liberación rara vez se mantienen como tales, como procesos de liberación, más allá de una generación, si acaso: imperceptiblemente, poco a poco, un número creciente de líderes va olvidando los fines originales y los va usando cada vez más como meras justificaciones de sus propios intereses; quienes ven y denuncian tales procesos son criticados, marginados, expulsados (o peor: perseguidos, encarcelados, exilados, torturados, desaparecidos); y muchos medios originalmente repugnantes (como el uso de las armas) dejan de ser medios para convertirse en fines en sí mismos, en ídolos. ¿No es ésa la historia de muchas religiones, revoluciones y organizaciones caritativas?

Supongamos por un momento que, en realidad, desafortunadamente, cualquier proceso de liberación sea ambiguo, complicado, pleno de conflictos, incoherencias, retrocesos y víctimas.

La manera predominante de conocer la realidad casi seguro nos llevará entonces a la conclusión de que ¡¿para qué embarcarse entonces en procesos de liberación?! Mejor aprovecharnos del sistema o buscar la salvación individual en la vida después de la muerte.

Esa es la manera de pensar que más conviene a un sistema social injusto y destructivo como éste en el cual vivimos hoy. Una manera de conocer que desconoce que dejar al mundo como está es una opción todavía más llena de víctimas, ambigüedades, conflictos, incoherencias y retrocesos.

Pero hay otros modos posibles de conocer la realidad y de relacionarnos con ella. Por ejemplo, reconocer humildemente, sinceramente, que es mucho más lo que desconocemos que lo que conocemos. Reconocer que todo conocimiento de la realidad es siempre incompleto, provisional, interesado, creativo y polémico. Que todo conocimiento quizá podría y debería –para ser genuinamente liberador, verdaderamente atento a toda persona, comunidad, cultura, clamor y sueño– permanecer abierto a cambiar, a ser cuestionado y criticado, a ser enriquecido y transformado, a perecer incluso, para servir de fértil abono a nueva vida, nuevas intuiciones, ideas, opiniones, sugerencias, valores y dinámicas humanas. Que ninguna manera de conocer debería tornarse rígida, sectaria, excluyente, única, ni prepotente –si es que de verdad quiere estar al servicio de procesos hondos, autocríticos, democráticos y no-violentos de liberación creciente de la raza humana; no a favor de nuevas jerarquías, privilegios, opresiones y exclusiones.

¿Qué tal una especie de «cambio en el cambio»: desarrollar dinámicas colectivas, periódicas y continuas de revisión humilde y crítica fraterna de las muchas maneras opresivas en que conocemos la realidad y nos relacionamos con ella? Quizá sea interesante desarrollar una actitud espiritual, tanto individual como comunitaria, de buscar constantemente y corregir a diario las múltiples maneras como el sistema de opresión (capitalista, clasista, machista, heterosexista, racista) se nos va filtrando imperceptiblemente hasta en los pequeños gustos, los grandes amores, los más hondos temores, las diarias repugnancias y las secretas ambiciones. Posiblemente de allí surjan buenos ejemplos de maneras realmente liberadoras, vivificadoras, humanizantes, de conocer la realidad para cambiarla mientras se la va cambiando. Modos de conocer y relacionarnos con la realidad que, en sí mismos, encarnen y realicen aquí y ahora –en pequeñito– el sueño de un mundo en que la cooperación, la solidaridad, la ayuda desinteresada mutua, el respeto a la diversidad, la humildad, la alegría y la ternura le ganen la partida, poco a poco (desde la casa, el barrio, la escuela, la oficina y la iglesia), al abuso, la arrogancia, la violencia, la explotación y la indiferencia.

Por supuesto: es seguro que algo, mucho, o todo lo que aquí sugiero está (al menos parcialmente) equivocado. Pero ¿no es acaso del constante debate democrático entre las más diversas formas de conocer la realidad como pueden emerger nuevas, fértiles, interesantes, pequeñas verdades que nos ayuden a encontrar mejores maneras de convivir humanamente que las que hasta ahora hemos hallado, construido y reforzado?

Si estas provocaciones para repensar las relaciones entre conocimiento y liberación contribuyen a ese debate, quizá habrán entonces valido la pena. Si no ¡mejor echarlas al cesto de la basura!

Otto Maduro (omaduro1o@netscape.net)

Nota: el autor ha publicado un libro, Mapas para la fiesta, que intenta desarrollar estas ideas mucho más amplia, específica y detalladamente. Se puede conseguir en español en Argentina (Centro Nueva Tierra), Venezuela (Centro Gumilla), Colombia (CINEP) y Estados Unidos (AETH); y en portugués en Brasil (Editora Vozes).

Este articulo lo puede encontrar en:

http://www.servicioskoinonia.org/agenda/archivo/obra.php?ncodigo=169

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lunes 21 de septiembre de 2009

Catatumbo: un Río de Memoria y Dignidad

Memoria y Palabra participa en la campaña "MIRA AL CATATUMBO:
SUS VICTIMAS: UN RIO DE MEMORIA Y DIGNIDAD"

PEREGRINACION POR LA MEMORIA

Participamos en la Peregrinación Por La Memoria: Familias Victimas de ejecuciones extrajudiciales de Soacha y Aguachica”, celebrada los días 11 y 12 de septiembre, en el municipio de Ocaña.
y en la Peregrinación por el Río Catatumbo hasta La Gabarra. del 18 al 21 de agosto de 2009.

Aprendimos lecciones como el amor por la vida, por la tierra y la memoria de nuestros seres queridos y luchadores populares, el valor para luchar por una causa justa y la dignidad para reclamar justicia. Nos enseñaron lecciones de Coraje.

La memoria se convierte hoy en una razón para luchar, nuestra memoria está herida pero sin embargo camina y seguirá caminando. La memoria es un camino que esperamos seguir caminando al lado de procesos como los del Catatumbo.

lea los saludos y la declaración política de la peregrinación:


“Quiero una felicidad que nace de la memoria y contra ella combate. Que proviene de la memoria y de la experiencia y que está de ella adolorida, que está de ella herida, está por ella lastimada, pero que a partir de ella camina. No es la memoria como ancla, sino la memoria como catapulta, no la memoria como puerto de llegada, sino como puerto de partida”

Compañeros del CISCA:

A los catatumberos y las catatumberas, luchadores y luchadoras incesantes.

Reciban nuestro solidario saludo como muestra de agradecimiento por toda la hospitalidad y calor humano que tan amablemente nos brindaron durante esta importante actividad que más allá de aunar intereses de lucha, logro crear profundos lazos de amistad y hermandad en torno a una causa que ahora es común.

No existen palabras para agradecer las valiosas e importantes lecciones aprendidas junto a ustedes. Lecciones como el amor por la vida, por la tierra y la memoria de nuestros seres queridos, el valor para luchar por una causa justa y la dignidad para reclamar justicia. Nos enseñaron lecciones de Coraje. La memoria se convierte hoy en una razón para luchar, nuestra memoria está herida pero sin embargo camina y seguirá caminando. La memoria es un camino que esperamos seguir caminando al lado de ustedes.

Es por esto que reafirmamos nuestra convicción de trabajo por un mañana mejor para esta bella región que tanto ha sufrido, pero que a pesar de las adversidades se levanta altiva y le da la cara al sol dispuesta a salir adelante. Un nuevo Catatumbo es posible y muy seguramente esta meta nos llevara a recorrer juntos nuevos caminos de esperanza. Esperamos seguir aportando desde nuestros espacios a este esperanzador proyecto y hoy por hoy a esta digna campaña.

Deseamos que este saludo sea un abrazo fraterno, de solidaridad, de memoria y dignidad, los vientos de resistencia soplan por todo nuestro país, el dolor se hace lucha. Viajamos para mirar a los ojos la crueldad de la guerra, pero nos devolvimos con mucho más, con la esperanza de las voces incansables, con ejemplos de vida, de valor y de alegría. Dimos lo mejor de nosotros y estamos seguros que recibimos lo mejor de ustedes. Corazones de resistencia hacen minúsculas las distancias, haciendo de ellas tan solo una excusa.

Por otro lado y como lo convenimos antes de partir de nuevo hacia Bogotá, estamos pendientes de enviarles algunos puntos de evaluación generales, algunas impresiones más concretas que nos surgieron al acercarnos a los procesos adelantados en el Catatumbo, esperamos poder enviarlos la semana próxima. Adjuntamos además cuatro crónicas realizadas durante la peregrinación que hablan un poco de nuestras experiencias y percepciones políticas y emocionales, esperamos sirvan como un aporte. Estamos trabajando en la construcción de un registro audio visual que les haremos llegar inmediatamente lo terminemos.

Un saludo revolucionario y combativo.
Para matar al hombre de la paz,
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre la paz y acallar su voz molesta y taladrante,
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo,
y matar más para seguir matando,
para vencer al hombre de la paz,
tuvieron que congregar todos los odios,
para batir al hombre de la paz,
tuvieron que bombardearlo, hacerlo llama,
para matar al hombre que era un pueblo,
tuvieron que quedarse sin el pueblo,
porque el hombre de la paz era una fortaleza.



El paramilitarismo en el Catatumbo no cumple 10 años de presencia, pues sus primeras acciones de barbarie las llevaron a cabo en esta región en la década de los ochenta. Hoy lo que convocamos al recuerdo son los 10 años de la llegada de los paramilitares como fuerza de ocupación en una alianza con la fuerza pública, tal y como lo cuentan paramilitares que participaron en las masacres y que se encuentran cobijados por la ley de justicia y paz, esperando condenas que no superarán los 8 años de prisión.
Los crímenes cometidos superan lo imaginado, 14 masacres entre el 23 de mayo y el 21 de agosto de 1999, que dejaron como saldo 123 personas asesinadas en masacres y 42 en asesinatos individuales. Masacres que en su tiempo fueron anunciadas por Carlos Castaño, advertidas por los Defensores del Pueblo Nacional y Departamental y negadas, aún hoy, por el gobierno y las fuerzas militares.

Frente a las masacres y asesinatos selectivos decimos… NI PERDON NI OLVIDO
Frente a las masacres y asesinatos selectivos, exigimos… VERDAD, JUSTICIA Y REPARACION INTEGRAL
Frente a las masacres y asesinatos selectivos que hoy comenzamos de nuevo a padecer, reclamamos… GARANTIAS DE NO REPETICION
Las masacres y asesinatos pretendían generar un desplazamiento masivo, pues el Catatumbo fue identificado por los paramilitares Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, como una zona estratégica para la expansión de sus áreas de control, la consolidación de su economía fundamentada en el narcotráfico y el aprovechamiento de las ventajas que ofrece la frontera con Venezuela. Mientras, la oligarquía la reclamaba para explotación de recursos mineroenergéticos que permitieran abastecer mercados internacionales.
43.000 personas fueron desplazadas de la región según datos de la vicepresidencia de la república. Unos, sintieron el rigor de la indiferencia estatal en cabeceras municipales, en Cúcuta, o Bucaramanga, algunos más, partieron a otros países en busca de un mejor futuro. La mayoría retornó, sin seguridad, sin garantías, motivados por el apego al territorio y las intenciones de rehacer sus vidas. Más si los desplazamientos masivos no continuaron, se sobrevino un periodo de desplazamientos gota a gota provocados por el empobrecimiento del campo, los operativos militares que dejaron un saldo de más de 50 campesinos asesinados en un año, las reiteradas fumigaciones que provocaron desabastecimiento alimentario, entre otros factores. Ocaña y Cúcuta se convirtieron en las principales ciudades receptoras de población desplazada, los cinturones de miseria aumentan, la mendicidad de los niños aumenta, la falta de empleo, educación, salud y vivienda digna, aumenta.
El desplazamiento como política continúa, lo que ha cambiado han sido los factores que lo generan. El interés sobre el territorio continúa, para el gobierno y las transnacionales la necesidad de explotar los recursos mineroenergéticos es inaplazable, para esos propósitos campesinos e indígenas, seguimos sobrando.
Frente al desplazamiento masivo y gota a gota, el robo de las tierras y el ganado, la destrucción de caseríos, decimos… NI PERDON NI OLVIDO
Frente al desplazamiento masivo y gota a gota, el robo de las tierras y el ganado, la destrucción de caseríos, exigimos… VERDAD, JUSTICIA Y REPARACION INTEGRAL
Frente al desplazamiento masivo y gota a gota, el robo de las tierras y el ganado, la destrucción de caseríos, reclamamos… GARANTIAS DE NO REPETICION

Y estamos acá, resistiendo, construyendo propuestas propias de desarrollo, campesinos e indígenas organizados, reclamando condiciones de vida dignas, rechazando la explotación del carbón, del petróleo, la expansión de los agrocombustibles, la privatización del agua. Exigiendo garantías para la protesta social, la expresión de inconformidad frente a las políticas del gobierno y la construcción autónoma de propuestas de vida.

Es por ello que apoyamos la lucha de los indígenas por la defensa del territorio, y así mismo, respaldamos el refugio humanitario liderado por nuestros hermanos campesinos agrupados en ASCAMCAT, y convocamos a las diferentes organizaciones que hoy nos acompañan a que sigan con nosotros, y a los que no pudieron estar, que unamos fuerzas y construyamos una gran bandera de lucha por las víctimas, por los campesinos, por los afrodescendientes, por la clase obrera, por nuestros derechos, por nuestro territorio, por la verdad, la justicia y la reparación integral.

Por nuestros familiares, amigos y vecinos asesinados… NI PERDÓN NI OLVIDO.

Para nuestros familiares, amigos y vecinos asesinados… VERDAD, JUSTICIA Y REPARACION INTEGRAL

Por nosotros, por nuestro territorio, por otro mundo posible, exigimos… GARANTIAS DE NO REPETICION


21 de agosto de 2009


Comité de Integración Social del Catatumbo – CISCA
Central Cooperativa de Servicios – CENCOOSER
Asociación Minga
Corporación Sembrar
Asociación por la Memoria y la Dignidad de las Víctimas del Catatumbo –AMEDIVIC
Asociación de Jóvenes de Tibú
Instituto Nacional Sindical – INS
Fundación Comité de Solidaridad con Presos Políticos
Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia
FEDEAGROMISBOL
Asamblea Permanente por la paz –ASAPAZ.
SINALTRACOMFA
SINTRACOMFENALCO
CORPORACION COMPROMISO
Organización Femenina Popular –OFP.
Corporación PAIS
Corporación Social para la Asesoría y la Capacitación Comunitaria - COSPACC
Biblioteca Comunitaria Semillas Creativas – Ciudad Bolívar.
CENSAT AGUA VIVA – AMIGOS DE LA TIERRA COLOMBIA
Red Antorcha
Memoria y Palabra
Red Revuelta
Vorágine Educativa
Periódico El Periscopio – Bogotá
Periódico El Caos – Fusagasugá
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domingo 30 de agosto de 2009

Elevemos la memoria de los Awa

Invitamos a un Acto Simbólico por la Dignidad y la Memoria de las víctimas del Pueblo Awá.

Martes 01 de septiembre de 2009, Plaza de Bolívar, el acto esta previsto desde las 10:30 del día hasta la media noche.

¡Rompamos la indiferencia ante la muerte, el dolor y la injusticia…!



Para no olvidar elevamos la Memoria, por nuestros niños y niñas, mujeres y hombres asesinados del Pueblo Indígena Awá porque: Todos somos Awá, todos somos indios… Alto al Etnocidio de los pueblos indígenas en Colombia.

En esta jornada elevaremos cometas y bombas de helio por nuestras victimas, como un homenaje a quienes han ofrendado sus vidas por permanecer o defender sus territorios y en especial honraremos al Pueblo Awá, velaremos conforme a la cosmovisión indígena a las víctimas de la masacre del 26 de agosto y efectuaremos un acto de reflexión sobre el derecho a la vida, a la dignidad a la pervivencia; ¡rompamos la indiferencia ante la muerte, el dolor y la injusticia…!

Martes 01 de septiembre de 2009. Plaza de Bolívar, El acto esta previsto desde las 10:30 del día hasta la media noche. Estaremos realizando un homenaje a las víctimas, a los Pueblos Indígenas, elevaremos la memoria para No Olvidar tejeremos como nuestras mujeres lazos con la madre tierra para No Olvidar.

Invitamos a la comunidad internacional y a sociedad colombiana a que se vincule a la Campaña “Todos somos Awá, Alto al etnocidio de los pueblos indígenas en Colombia” a través de cartas, comunicados y otras manifestaciones de repudio, para que estos crímenes no queden en la impunidad.

Convocamos a los Colectivos de artistas, jóvenes, mujeres, organizaciones defensoras de DDHH, estudiantes y, a quien quiera llegar, para que desde las 11 de la mañana en la ONIC, Calle 13 # 4-38, nos acompañen al acto ritual y a la movilización hasta la Plaza de Bolívar.

A las 12 del día en la Plaza de Bolívar hagamos presencia, para hacer un homenaje a las víctimas y seguir tejiendo el hilo de la Memoria. (Traer Cometas y bombas de helio de colores blanco, amarillo, verde y rojo, colores de la bandera del pueblo Awa)

La pervivencia de los Pueblos Indígenas es la pervivencia de nuestra y vuestra Memoria, de nuestra y vuestra identidad, de nuestra dignidad como pueblos.

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sábado 15 de agosto de 2009

2º ciclo de "Debates contemporáneos y procesos populares sobre memoria e historia oral"

El proyecto Memoria y Palabra invita a un ciclo de reflexión y debate sobre las miradas contemporáneas y los procesos populares de Memorias e historia oral.



Ciclo de debates sobre las miradas contemporáneas y los procesos populares de Memorias e historia oral

Martes cada 15 días. Hora: 2pm a 4pm. Lugar: Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas. Universidad Nacional. Salón 201

1. Martes 18 de Agosto

¿De qué estamos hablando cuando hablamos de memorias e historia oral?



2. Martes 1 de Septiembre
Memoria e historia: dos lecturas del pasado

lecturas: Mate, Reyes (2006) Memoria e historia: dos lecturas del
pasado. En: Letras Libres, septiembre 2006.
http://www.ifs.csic.es/prensa/mate24.pdf

Nuño, Ana (2006). Usos y abusos de la historia. La batalla por la
memoria y el olvido de la historia. En: Letras Libres, Septiembre 2006
http://www.letraslibres.com/index.php?art=11513

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE MEMORIAS?
Elizabeth Jelin http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/JelinCap2.pdf

3. Martes 15 de septiembre

Memoria y educación popular


lecturas: Educación y memoria: La escuela elabora el pasado/ Elizabeth Jelin y Federico Guillermo Lorenz
Realidades y desafíos: experiencias educativas en Argentina, Uruguay y Brasil. Laura Mombello, Alessandra Carvalho, Federico Guillermo
Lorenz, Aldo Marchesi
http://books.google.com.co/books?id=Tqxijvr0GvgC&printsec=frontcover#v=onepage&q=&f=false

Memoria oral y Educación popular, reflexiones metodológicas. Marta Harnecker (1994 )
http://74.125.47.132/search?q=cache:BctlnbuqDe0J:bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/martah/marta.rtf+Memoria+oral+y+Educaci%C3%B3n+popular,+reflexiones+metodol%C3%B3gicas&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=co&client=firefox-a

4. Martes 29 de septiembre

Experiencias de Memoria y educación popular

invitados educadores popular.
lectura: TORRES A. CENDALES L. S.F. Los otros también cuentan. Santafé de Bogotá:Dimensión Educativa Bogotá


5.Martes 6 de Octubre

Memoria y teologia de la liberación

Invitados procesos de teologia de la liberación


6. Martes 20 de Octubre

Memoria y Represión

lecturas: Del caso de Perú :Del Pino, Ponciano “Uchuraccay: memoria y representación de la violencia política en los Andes”, en: Carlos Iván
Degregori (editor), Jamás tan cerca arremetió lo lejos. Memoria y violencia política en el Perú, Instituto de Estudios Peruanos / Social Science Research Council, Lima, pp. 49-93. 2003

Del caso Argentino: La representación de experiencias traumáticas a través de archivos de testimonios y de la reconstrucción de espacios
de represión- Memoria Abierta http://www.memoriaabierta.org.ar/materiales/pdf/la_representacion_de_experiencias_traumaticas.pdf

Del caso italiano: Portelli, “Memoria e identidad. Una reflexión desde la Italia postfacista,” en Monumentos, memoriales y marcas
territoriales. Elizabteh Jelin y Victoria Langland (compiladores). España: Siglo XXI Editores, 2003.

Libro: Las comisiones de la verdad de América Latina Autor: Cuya, Esteban Año: 1996 Origen: http://www.derechos.org/koaga/iii/1/cuya.html#per

7. Martes 13 de Noviembre

Memoria y Represión en Colombia

invitados procesos regionales y populares de recuperación de memoria, campaña Mira al catatumbo: un rio de memoria y dignidad,
Lectura: Informe del Grupo de Memoria Histórica, de la Comision Nacional de reparación y reconciliación. “Trujillo: una tragedia que no cesa” http://www.cnrr.org.co/new/interior_otros/Trujillo_informe.pdf



Libro: Memoria: puerta a la esperanza. Violencia sociopolítica en Tibu y El Tarra. Región del Catatumbo. 1998-2005. Capitulo I Recuperaciónde la Memoria Historica, Capítulo II Catatumbo: la terquedad por la vida.



8. Martes 24 de Noviembre

Conclusiones

copa de chicha Leer más...

lunes 20 de julio de 2009

Los usos de la memoria y la historia oral

Con la alegria de ver como la historia oral se consolida en América Latina



El proyecto MEMORIA Y PALABRA difunde la invitación a participar en
el IX Encuentro Nacional y III Congreso Internacional de Historia Oral: “Los usos de la memoria y la historia oral”, que se llevará a cabo los días 7, 8 y 9 de octubre de 2009 en la Manzana de las Luces, ( Perú 272, Ciudad Autónoma de Buenos Aires) de 9 a 18 hs.

La presentación de trabajos estará dividida en dos categorías:

Investigaciones: Se considerarán en esta categoría a las ponencias referidas a un trabajo de investigación con todos los pasos correspondientes con sus conclusiones provisorias o definitivas, o a un pormenorizado detalle del armado de un archivo de Historia Oral, tanto en lo que se refiere a su contenido, así como también a su catalogación, criterio de guarda, digitalización, conservación, preservación y/o consideraciones técnicas.

Comunicaciones: Se considerarán en esta categoría aquellas ponencias que resultaran ser una descripción de un trabajo realizado o en realización, sin contar con hipótesis o conclusiones, sino con el objetivo de dar a conocer una experiencia aún no estructurada cabalmente.

En todos los casos, deberá presentarse un resumen de una carilla (o no más de 2.000 caracteres con espacios), con las mismas pautas utilizadas para la presentación de los trabajos, donde conste una síntesis, clara y precisa, del trabajo o comunicación, además debe consignarse: nombres de los autores, dependencia institucional si la hubiera, teléfono, correo electrónico y dirección postal.

Todos los trabajos presentados serán evaluados por una comisión de lectura, que determinará su aceptación, basándose en la calidad, así como también en las pautas metodológicas de la “historia oral”.

Las fechas para presentación serán:


Resúmenes: 30 de abril de 2009

Presentación de trabajos: 31 de julio de 2009.

En el caso de necesitarse para la exposición algún tipo de soporte técnico (cañón de Power Point, DVD, etc.), se deberá comunicar al momento de presentar el resumen.

El valor de la inscripción es de $ 40.- y para estudiantes que acrediten tal condición $ 20.-. Quienes abonen la inscripción antes del 31 de julio, obtendrán un 20 % de descuento. Los socios de AHORA no abonan inscripción.

Informes e Inscripción:

Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico
Av. Córdoba 1556. Planta Alta (1055)

Teléfonos: 4813-5822/9370

Mail: ixencuentrobuenosaires@yahoo.com.ar
http://ahoargentina.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=81&Itemid=1 Leer más...